3 marzo, 2024
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INTERÉS GENERAL

Los últimos momentos de San Martín; entre la enfermedad y el asombroso suceso de su estatua en Boulogne sur Mer

El 17 de agosto de 1850 marcó el final de las batallas de San Martín, el destacado Libertador, quien, afectado por problemas gástricos, cataratas y reumatismo, concluyó su legado. Un vistazo a los sucesos que rodearon su despedida y el peculiar origen de su monumento ecuestre en la ciudad donde encontró su reposo.

Al inicio del 17 de agosto, San Martín, símbolo de la independencia sudamericana, inició sus últimas horas en Boulogne Sur Mer, una localidad costera frente al Canal de la Mancha con alrededor de treinta mil residentes. Este rincón urbano, situado en una región de belleza escénica, cobraba vida durante los veranos, cuando visitantes ingleses buscaban tratamiento en sus baños de mar. En este entorno, los destinos se cruzan y un protagonista histórico se prepara para cerrar su capítulo final.

A sus 71 años, el eminente general compartió con el líder peruano Ramón Castilla los desafíos de su salud, plagada de problemas gástricos, cataratas y dolencias reumáticas, que arrastraba desde los días del arduo cruce de los Andes. Su lucha contra la enfermedad no fue suficiente para enfrentar el clima frío y húmedo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde pasó sus últimos momentos.

En la Ciudad de la Luz, el fulgor de San Martín no se extinguió completamente. Afrontó los desafíos de su salud con tenacidad, buscando en París la solución para sus cataratas. La perspectiva de una operación se aplazaba hasta que las cataratas maduraran, dejándolo a merced de su propia visión. Sus esfuerzos por mejorar su condición se extendieron a la localidad de Evry sur Seine, donde compartió días de amistad con amigos y familiares, rodeado de naturaleza y serenidad.

Pese al declive de su salud, San Martín continuó escribiendo su propia historia. Recibió en su hogar a destacadas personalidades, como Domingo F. Sarmiento y Juan Bautista Alberdi, dejando un legado de conversaciones y encuentros que trascendieron continentes y generaciones.

El final de su vida lo llevó a Boulogne sur Mer en dos etapas, primero en 1848 como refugio de la agitación revolucionaria y luego en 1850 para proteger a su familia de los disturbios políticos. No obstante, la oscuridad de la enfermedad no apagó su espíritu, y aún en sus últimos días, San Martín mantuvo la esperanza y el interés por los eventos mundiales.

El 17 de agosto, San Martín enfrentó su ocaso con serenidad. Aunque lúcido, soportó dolores, compartiendo un modesto almuerzo en compañía de sus seres queridos. Pero las complicaciones de su salud marcaron un punto de no retorno. Fue un día de adiós silenciosos y momentos de reflexión íntima, donde el gran hombre enfrentó la tormenta que finalmente lo llevaría al puerto de su descanso eterno.

La figura de San Martín no desapareció con su partida. Su legado quedó arraigado en la historia y la cultura argentina. Se erigieron monumentos y se instituyó el 17 de agosto como el Día de San Martín, un tributo que perdura hasta hoy. En 1909, Boulogne sur Mer rindió homenaje al general con una estatua ecuestre, un símbolo de la conexión entre dos naciones.

La estatua resistió adversidades, incluso sobreviviendo a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Un monumento que se alzó en un rincón francés y que hoy, más de un siglo después, sigue contando la historia de un hombre cuyo legado se entrelaza con la nostalgia de la distancia y la grandeza de su visión.

La vida y los últimos días de San Martín, marcados por la enfermedad y la lucha interna, se convirtieron en un testimonio duradero de su compromiso con la libertad y su amor por la patria. Su figura permanece viva en la memoria colectiva, una fuente de inspiración para las generaciones futuras.

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